Glen Scotia Bordeaux Cask Finish
48,50 €
46% – 70 cl
Glen Scotia Bordeaux Finish
Single malt Scotch whisky elaborado en Campbeltown y afinado en barricas de vino tinto de Burdeos durante 9 meses tras una maduración inicial en barriles ex-Bourbon de primer llenado. Este finish aporta una capa adicional de complejidad aromática, combinando el perfil marítimo y ligeramente salino característico de Glen Scotia con matices frutales y taninos suaves procedentes del vino tinto. Sin filtrado en frío y con color natural. El resultado es un whisky equilibrado, estructurado y expresivo, donde la influencia del roble vínico complementa, sin dominar, la identidad de Campbeltown.
Hay existencias
Nota de cata
Nariz:
Fruta roja madura, notas de cereza y frutos del bosque, con toques de vainilla, caramelo suave y un fondo ligeramente salino. Aparecen matices de roble y especias dulces.
Boca:
Entrada sedosa y equilibrada, con sabores de frutos rojos, manzana cocida y vainilla. El vino aporta estructura y un ligero carácter tánico que se integra con notas de malta, roble y un sutil recuerdo marítimo.
Final:
Medio-largo, con persistencia frutal, especias suaves, madera seca y un eco ligeramente salino característico de la destilería.
Maridaje sugerido
Acompaña muy bien carnes rojas a la parrilla, cordero asado o platos con salsas de vino tinto. También armoniza con quesos curados y semicurados, así como con postres de chocolate negro o frutos rojos.
Destilería Glen Scotia
Glen Scotia es una de las tres destilerías activas de Campbeltown, junto con Springbank y Glengyle (Kilkerran), una región que fue considerada la capital mundial del whisky escocés antes de la Ley Seca en Estados Unidos. En su época de esplendor llegaron a operar hasta veintiocho destilerías, aunque tras la derogación de la ley solo tres lograron sobrevivir.
Fundada en 1832 por Stewart, Galbraith & Co., Glen Scotia está situada en el norte de la ciudad de Campbeltown. La destilería obtiene el agua de refrigeración del Crosshill Loch, una fuente clave para su funcionamiento. En 1919 fue adquirida por West Highland Malt Distillers, pero cinco años más tarde la empresa quebró. Posteriormente, Duncan MacCallum compró la destilería, que volvió a cerrar en 1928. Tras graves problemas financieros, MacCallum se arrojó al mismo lago del que Glen Scotia obtiene su agua, dando lugar a una de las leyendas más conocidas del whisky escocés, según la cual su fantasma aún recorre la destilería.
Glen Scotia sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y pasó por varios propietarios hasta que, en el año 2000, fue adquirida por Loch Lomond Group, que dirige las operaciones en la actualidad. Hoy produce alrededor de 100.000 litros anuales, una cifra muy reducida en relación con su capacidad real, lo que refuerza su carácter artesanal y su identidad singular dentro del estilo Campbeltown.
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